Presente Continuo                                          

* sobre la muestra de Daniela Fiorentino en Maggio (Arenales 1390 - 05/10 al 05/11 de 2012)

- Voy a recorrer este gran día, dice el niño, - estoy siendo guiado por el presente!

¿Que otra cosa busca el arte, sino saborear al tiempo y a la vida que se desliza con nosotros?

Lo han sabido aquellos artistas que persiguieron el estado de inocencia, pienso en Miró, Dubuffet o Klee entre tantos. Nietzsche en su Zarathustra propone tres transformaciones del espíritu y la última metamorfosis es la del Niño: al tú debes del Camello lo tiene que superar el yo quiero del León para al fin ser también trascendido por el santo decir sí del Niño, el juego de la creación.

La obra de Daniela en sus distintas ramas indaga sobre esta forma de estar en la vida. A través de sus títeres, el clown o la pintura abre la dimensión del niño, es decir la posibilidad de percibir al mundo como si estuviera naciendo a medida que se lo descubre. En sus acuarelas los retratos como payasa o sus títeres nos trasladan al teatro: extraño lugar de una temporalidad sagrada. En otras obras diferentes niños viajan en los asientos posteriores de un auto: el viaje de los adultos es lineal, en cambio, los niños abren el tiempo como una flor, ellos viajan hacia otro lado mientras son llevados por las rutas ya trazadas.

Su mirada nos abre esa posibilidad: una visión virgen en un presente continuo, nos recuerda que el niño vive en nuestro cuerpo actual y que a veces despierta.

Un payaso hace reír si es auténtico, si se ríe de sí mismo, si se desarma en escena, un títere está vivo si quien lo manipula se deja llevar por el espíritu de esa artesanía de trapo; hay algo aquí que tiene que ver con el olvido del yo, ese invento práctico de la cultura occidental.

El niño no se objetiva del mundo está unido a él en el mismo río, crecer nos lleva a ser individuos que se van separando cada vez más entre sí y en sí mismos: he aquí la tristeza que también desprenden estas obras. Pero el hilo no está roto: niños, títeres, payasos o una pintura transparente pueden trazar un puente con ese corazón del tiempo. Una nariz roja, el infinito, el mundo naciendo constantemente, la mirada de asombro, una carcajada que hace eco en los otros y un secreto que es develado inocentemente, casi sin querer: el tiempo es uno solo y yo es otro.

Lucas Marín
Daniela Fiorentino arte - buenos aires - argentina - danielafiorentino71@gmail.com
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